El proceso de liofilización comienza con la congelación rápida de la materia prima a temperaturas bajo cero, seguida de la sublimación de la humedad al vacío. Esta tecnología representa la vanguardia en métodos de secado, ofreciendo una conservación excepcional del color, la apariencia y la estructura originales del material, a la vez que minimiza la degradación de nutrientes, sabores y compuestos aromáticos.
La velocidad de sublimación depende en gran medida del grosor de la carga de material. Por lo tanto, la especificación más importante a considerar al revisar un presupuesto para un liofilizador es la superficie de las estanterías. Como guía práctica, se recomienda una superficie de estantería de 1 m² para procesar alrededor de 10 kg (o aproximadamente 10 litros) de materia prima por lote.
En los últimos 3 a 5 años, hemos observado un número creciente de fabricantes que ingresan al mercado de liofilizadores con poca o ninguna experiencia previa en este campo, impulsados principalmente por oportunidades de ganancias a corto plazo. Al carecer de la base técnica necesaria, estos proveedores suelen inflar sus especificaciones de rendimiento. Por ejemplo, no es raro ver una máquina con solo 1 m² de superficie de estantes con una capacidad nominal de 15 kg, 25 kg o incluso 40 kg, lo cual es técnicamente inalcanzable en la práctica.
Cuando se exageran las especificaciones de capacidad, el tiempo de secado real suele duplicarse o triplicarse, lo que resulta en una productividad significativamente menor y un consumo de energía sustancialmente mayor por lote. Esto perjudica la eficiencia operativa y, en última instancia, anula el propósito de invertir en un liofilizador.